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Sobre la estigmatización mapuche, aquí y ahora

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Nota de Opinión: * Por Osvaldo Cipolloni (12/05/2018)

La estigmatización se basa en prejuicios que se transmiten y se refuerzan en multiplicidad de medios cuyos discursos -en este caso ya refutados por las ciencias arqueológicas, antropológicas e historiográficas- tienen el propósito de crear confusión, generar sentimientos discriminatorios y racistas para deslegitimar y justificar la dominación sobre los pueblos.

Hablar de la estigmatización hacia el pueblo mapuche es hablar de la estigmatización de sus reclamos, y de los reclamos de todos los pueblos originarios a sus territorios ancestrales y los derechos que los asisten, reconocidos por los tratados internacionales, la legislación nacional y de las provincias.

Esta cuestión históricamente irresuelta por la sociedad argentina, emerge ante cada hecho que nos concierne y conmueve, y se convierte en una nueva manifestación del profundo y antiguo “choque de ignorancias” (expresión de un hermano moqoit del Chaco para explicar tamaño desencuentro).

De todos los prejuicios que circulan hay dos que se destacan por su recurrencia: que los actuales comuneros mapuches son “chilenos”, y los tehuelches, que sí serían “argentinos” lo eran, pero salvajes y extintos. En resumidas cuentas, lo que deja  este imaginario lisa y llanamente concluye, que unos (los mapuche) serían extranjeros y los otros (tehuelches) ya formarían parte del pasado, en consecuencia, nada que reconocer, ni reparar, ni devolver, como dicen en México, el culto “al indio muerto” y la descalificación del “indio vivo”.

De la misma manera podríamos generalizar entonces que los quechuas son bolivianos, peruanos y ecuatorianos, que los guaraníes son paraguayos y brasileros, y los charrúas uruguayos, porque habitan también en esos países. Es evidente que la existencia previa de estos pueblos a la conformación de los actuales estados nacionales, sus intercambios permanentes y dinámicas interétnicas los atraviesan, y las fronteras (entonces inexistentes) fueron y siguen siendo un territorio de intenso intercambio cultural, cuyas identidades no son homogéneas ni están cristalizadas, salvo por la mirada cargada de prejuicios y desconocimiento, que reproduce el discurso colonial.

Conozco la cordillera patagónica por experiencias de vida y trabajo, cultivo la amistad con muchas familias, organizaciones, hermanos y hermanas del sur originario, donde he recogido las memorias vivas de los actuales miembros de estas comunidades, quienes plantean en testimonios orales, con una gran carga de dolor, el saqueo y los aberrantes abusos y vejámenes del exterminio perpetrado por los ejércitos de la llamada “conquista del desierto”. También de los misioneros que asumieron una postura crítica ante los discursos estigmatizadores, en defensa de las verdaderas víctimas, y de las causas de haber quedado relegados a los piedreros, a las peores tierras de pastoreo de la cordillera, o las barriadas más vulnerables de las ciudades, que dan cuenta de este pasado que no ha pasado, al menos para quienes quieran verlo.

Desde las comunidades son reconocibles sus propias voces: “conocemos muy bien los territorios porque nacimos, nos criamos y nuestras familias permanecen allí, es absurdo entrar en el debate de quienes son los “verdaderos” mapuche y quiénes no, es un nuevo dilema propuesto por el colonizador como alguna vez clasificó a los “indios amigos” o “indios enemigos” según su plan y conveniencia” (Cátedra Libre de Pueblos Originarios de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco). Y agregan, “mucho se ha dicho, opinado, prejuzgado y manifestado en estos días acerca del Pueblo Mapuche, muchos recién se están enterando de nuestra existencia, dado a que en la escuela habían aprendido que “los indios se habían extinguido”, “la mayoría de las opiniones carecen de fundamentos y no superan la simple reproducción del bombardeo mediático que llega desde los grandes centros de poder e información”.

La mal llamada conquista del desierto sentó las bases para que “estancieros, extranjeros y políticos de dudosa reputación se sirvan de nuestra gente, que le criamos sus animales y niños, limpiamos sus casas y corrales, posamos para sus fotos y museos, nos buscan cada cuatro años para sus votos, nos han mantenido en un estado de colonización al cual nuestro Pueblo hoy dice basta. Basta de asumir que somos inferiores, basta de soportar los atropellos, de tanto agachar la cabeza…, prefieren un indígena dócil, manso, obediente. Y cuando alguno reclama algo, no dudan en criminalizarlo, acusarlo de terrorismo y de todos los males que afectan a la sociedad”.

En los últimos años, sobre todo a partir de la recuperación democrática, la Argentina adscribe a la tendencia internacional de respeto por la diversidad y ha avanzado en la construcción de marcos normativos nacionales de reconocimiento de derechos colectivos de los pueblos originarios, motorizados por fuertes movilizaciones y reclamos de los diferentes pueblos. Este proceso permitió colocar en la agenda de las políticas públicas los ejes centrales de los derechos indígenas, contribuyendo a defender la posesión del territorio ancestral apto y suficiente para el desarrollo de sus comunidades, a una educación bilingüe intercultural, a medios de comunicación que permitan el fortalecimiento identitario, de sus cosmovisión y el reconocimiento de su personalidad jurídica, entre otros.

Un ejemplo de gran actualidad es la Ley Nº26.160, cuya finalidad es el relevamiento de las posesiones territoriales que tradicionalmente ocupan las comunidades, como dice el artículo 75 inciso 17 de nuestra ley fundamental, la Constitución Nacional. Esta ley, pretende ordenar y mensurar los territorios comunitarios para su regularización dominial, aun inconclusa, ante los múltiples obstáculos interpuestos por importantes intereses transnacionales y sectoriales interesados por esas tierras y que estuvo en serio riesgo de no ser renovada por el Congreso nacional, si no fuera por la gran movilización que dejó sin argumentos a los socios de las grandes corporaciones extractivitas.

“En los últimos 20 años, la Patagonia Argentina, en especial la pre cordillera, tuvo un sinnúmero de emprendimientos turísticos: grandes transnacionales compraron miles de hectáreas, muchas veces a precios viles e irrisorios. Esto trajo como consecuencia que se vendieran territorios que son considerados ancestrales y pertenecientes a distintos pueblos originarios de la región, entre ellos los mapuches” (Rafael Curtoni, “No todo está perdido” entrevista realizada por  Radio Universidad 90.1, 15/8/17).

Respecto de la mirada de las grandes corporaciones sobre los derechos mapuches, nos cuenta Maristela Svampa (11/8/17 en su página de Facebook): “como me dijo hace dos meses uno de los directores de YPF, completamente sacado, hablando de los reclamos mapuches en Vaca Muerta: los mapuches son "superficiarios", no tienen "derechos especiales", y comenta… “vayan a hablarles a estos ignorantes de derechos colectivos o Estado Plurinacional, para ellos, solo el capital tiene derechos...”.

En estos difíciles tiempos, autoridades Originarias del Pueblo Mapuche de Neuquén y del Pueblo Mapuche Chewelche de Río Negro, realizaron una reunión sobre la situación que ha tomado dimensión nacional, referido al serio nivel de violencia y criminalización contra ellos, desatado por el gobierno a través de la fuerza represora de Gendarmería Nacional, como lo expresan las autoridades originarias de la Confederación Mapuche de Neuquén y de la Coordinadora del Parlamento Mapuche Chewelche en Río Negro y los Consejeros Mapuche del CODECI.

Esperamos que la sociedad y sobretodo sus representantes gubernamentales escuchen y reconozcan los históricos y actuales reclamos de los Pueblos Originarios, para construir espacios de verdadero diálogo intercultural en dirección a la constitución de un Estado Plurinacional, como genuino camino de encuentro, en un plano de igualdad en la diversidad.

Informe​ ​​​especial para Choiquenet. * Osvaldo Cipolloni Perito en Antropología Aplicada Ex Coordinador de Educación Intercultural Bilingüe del Ministerio de Educación de la Nación.

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