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Creció la cantidad de niños con hambre en Viedma

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Foto(Créditos Web)

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Ya son catorce los merenderos a los que asisten chicos y en todos aumentó el número de asistentes. Incluso, en algunos los fines de semana se hacen comedores con papás que tampoco tienen para comer. (01/12/2018)

El horno no está para bollos en la economía nacional y eso repercute directamente en las finanzas municipales y provinciales.

Así, tristemente ya es una realidad el crecimiento de merenderos, comedores y lugares asistenciales en donde cientos de chicos van a buscar un pedazo de pan.

En Viedma son catorce los merenderos y en todos se produjo la misma lógica: aumentó la cantidad de chicos con hambre. De hecho, en algunos de ellos se realiza una suerte de comedor en la que se suman madres y padres que tampoco tienen para comer.

La Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional del Comahue hizo un relevamiento de los merenderos y los mismos se distribuyen en los barrios más carenciados de la capital provincial. Ellos son el 30 de Marzo, Lavalle, Mi Bandera, Álvarez Guerrero, Zatti, Ina Lauquen y la toma El Progreso.

Es necesario remarcar que todos se llevan a cabo por la enorme solidaridad de madres que saben lo que es no tener un plato de comida caliente en sus mesas, en ninguno existe una ayuda estatal.


“Oídos sordos y ojos ciegos”


Lorena Alan, titular de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y encargada de un merendero en el 30 de Marzo, dialogó con Noticias y expuso que un promedio de 30 niños concurre por una taza de leche.

Allí se preparan desde mamaderas para infantes hasta chocolatadas para adolescentes y muchos se improvisan en la propia casa de las vecinas o en el patio.

Alan le contó a este medio que la situación desmejoró desde la asunción del macrismo y “por fin de semana sacamos 81 porciones de comida. La verdad es que es un montón. Lamentablemente, vamos a tener que seguir con esta lucha, porque creemos que el año que viene va a venir peor que éste”.


La referente popular, asimismo, se descargó ante la inacción municipal y consideró: “El Estado también tiene que hacerse cargo de estas cosas, porque a veces uno como organización social pone todo lo que tiene y todo lo que puede, pero creo que no es justo que el Estado haga oídos sordos y ojos ciegos a estas cosas tan importantes”.


“Ilusionan a los chicos”

 


Más allá de los discursos partidarios, a las mujeres que le ponen el hombro a los merenderos no se las puede contar nadie la mala realidad que padecen cientos de familias.

Marcela Diumacán es empleada doméstica, tiene cuatro hijos y lidera un merendero en el sector Nehuén del barrio Mi Bandera.

No le sobra nada, pero junto con un amiga empezaron a darle la copa de leche a los nenes de la cuadra y los necesitados se multiplicaron rápidamente.
 

Relató en nuestros micrófonos que luego les comenzaron a dar no solamente leche, sino también mate cocido con pan o con tortas fritas.

“Hubo un mes entero en el que tomaron solamente té con pan, paté o tortas fritas porque no había para la leche. Pero ellos igual estaban re contentos, a los niños no les importa si hay o no hay leche, si hay té. Ellos vienen, comparten, se quedan a jugar y entre todos se ayudan”, indicó.

Entre todos se ayudan y saben que pueden salir adelante, que no está perdido como decía la cantautora Mercedes Sosa. “Hay nenes de primer grado, de séptimo, el nene mayor que viene acá tiene 15 años y va a tercer año. Es un nene muy humilde que está siempre con nosotros, le va muy bien en la escuela, lo han felicitado por las notas que trae”.

De quienes no puede hablar bien es de los políticos. “Habían venido unos políticos, me dijeron que me iban a ayudar con leche, invitaron a los chicos y resulta que se lavaron las manos, nos dejaron re clavados. Yo cobro la asignación, mi marido hace changas, no es que tenemos un gran trabajo y tenemos a nuestros hijos también. Pero no hay nada de política, yo les expliqué desde un principio que no quería nada de política, nosotros solamente lo que hacemos es ayudar a los chicos. No nos confiamos con nadie”.

Lamentó: “Me parece una tristeza porque vienen e ilusionan a los chicos. Que te mientan a vos que sos grande bueno, porque uno ya es grande, ya sabe las cosas pero mentirle a un chico no está bueno, si les prometes algo ellos lo esperan. Te desanimas porque decís pucha ¿por qué lo prometieron si no van a cumplir?”

Marcela con la voz quebrada reconoció que su tarea no es nada sencilla pero no afloja: “Un día llegó un nene de 5 años, me dijo ’¿No vamos a tomar la leche?’ Y mi nena le dice ’No, si ya tomamos la leche’. ’Ah, pero yo no comí nada, mi mamá está trabajando’ Y eso te llega, te duele. Cuando cobran, en los primeros días de los meses tienen, pero después ya no hay”.


“Me partió el alma”


Gladys Levi, también ama de casa e integrante del Merendero Social Comunitario Barrio Mi Bandera Nehuén, charló con Noticias y dejó en claro: “Nosotros no recibimos ayuda de ningún partido político ni del Municipio ni nada. Todo es por donaciones de la gente. En este momento estamos tirando con lo que tenemos que nos donaron justo para el Día del Niño. Ahora nos estarían faltando algunas cositas, pero la estamos piloteando”.

Son cinco madres a la cabeza para que no les falte nada a una veintena de pequeños, ya que “sabemos lo que es que un nene no tenga pan en la mesa, leche, a veces se siente, más en el frío. Nosotros estamos trabajando los lunes, miércoles y viernes de 5 a 7 de la tarde. Los chicos llegan a las 4, juegan, el merendero nació de una necesidad de tratar de sacar a los chicos que juegan en la calle. A veces no se quieren ir, se ponen a jugar, leen cuentos, juegan a las cartas, dibujan, están contenidos”.

En sintonía con Marcela, Gladys tampoco ve con buenos ojos lo que hacen los políticos. “El tema político es para ponerle la bandera ellos mismos y el día de las elecciones tenés que estar con ellos. Nosotros tratamos de trabajar solidariamente y no responderle a nadie, nos han ofrecido estar en un partido político pero les decimos que no. Ellos van a querer utilizar nuestro merendero y a los niños”.

“Estaría lindo que no haya más merenderos. Nosotros cuando empezamos me partió el alma, los chicos llegan tan hambrientos porque no les dan la leche”, determinó.


“Fui una sobreviviente”


Gabriela Rosas, del Merendero Maná del barrio Álvarez Guerrero, estuvo en el mismo lugar que los chicos en la década de los 90 y le parte el alma que Argentina vuelva a repetir la misma historia.

Empezaron con 20 niños y por la suba de los precios ya son más de 30. Los fines de semana, se hace un comedor en el que asisten familias completas.

Llueve y truene, los chicos tienen hambre. Justamente, cuando hicimos este reportaje llovía a cántaros y había 15 chicos tomando la leche en su casa.

Tal situación es un retroceso que a Gabriela le duele. “Me da mucha tristeza, me duele un montón porque lo padecí en la década de los 90. Me duele, más vale que sí, yo a mi hijo le puedo comprar un par de zapatillas pero acá vienen mamás que no mandan a los chicos a la escuela porque no tienen zapatillas o mochila. Es triste que no puedan ir a la escuela dignamente”.

Ella y las chicas de la CTEP a cargo del Maná, más allá de cualquier circunstancia, “no los hacemos sentir como que vienen a un comedor o que vienen a una copa de leche, sino que los hacemos sentir a que venimos a compartir todos juntos que es lo principal. Yo fui a un comedor en los 90, se me hacía sentir que yo iba a comer porque no tenía comida en mi casa, que iba a comer ahí porque era pobre y eso no sucede acá. Todo lo contrario, acá antes de la copa de leche les damos dibujos para que pinten, les damos libros para que miren, juguetes que nos han donado los vecinos, tratamos de que ellos sientan esto como un lugar de encuentro”.

Además, manifestó la crueldad de la pobreza. “La pobreza marca una violencia en la vida de uno, pero yo te digo que del 100 por ciento de los pibes que roban el 90 si vos les das una mano se rescata. El otro 10 quizás siga en la misma, pero yo te aseguro que al 90 por ciento lo podemos rescatar. Yo trato de estar en todos los detalles porque fui una sobreviviente”.

“Que no tengas el pan en tu casa, que tengas la heladera vacía es violento para un padre, para el hijo que lo percibe, vos ves que otros pueden y vos no, eso es violento. Que te suban la leche y el pan es un crimen, que no puedas tomar leche es un crimen”, apuntó.

Sobre los dichos de Benito, quien dijo que las familias recibían un subsidio, machacó: “Me consta todo lo contrario porque acá en la semana recibimos a familias, yo te puedo mostrar mensajes de que van a la Municipalidad y no les dan nada. Nosotros acá les damos leche, ahora que abrimos el comedor les damos un paquete de fideos, harina, ellos no sé a quiénes les darán. Por lo menos los que vienen acá nos dicen todo lo contrario. Vos lo ves en las redes sociales, en los grupos de compra y venta, que te piden mercadería por trabajo. No están diciendo la verdad”.

“¿Por qué se han abierto entre comedores y merenderos 14 solamente en esta ciudad si ellos están asistiendo?”, preguntó.

Gabriela sí destacó la solidaridad del viedmense de a pie. “Hay vecinos pudientes y no pudientes, vienen jubilados indignadísimos que te dejan una caja de mercadería, vienen amas de casa. Ayer vino una ama de casa en taxi, bajo la lluvia y nos trajo bizcochuelo. Son gente totalmente desinteresada y así se va haciendo una cadena solidaria que nos permite tener todo esto”.

“Esto no es nada grato ni para festejar, sino todo lo contrario, hay días que me voy a mi cama prácticamente quebrada en llanto porque que un pibe venga y no tenga zapatillas, que tenga los dedos afuera, y yo tengo que publicar que necesito unas zapatillas tal te resulta muy doloroso”, concluyó.

Sabemos que quienes deben dar respuestas sobre este asunto no las dan. Desde nuestro humilde espacio dejamos los teléfonos de las entrevistadas para los que deseen ayudar. Las mayores necesidades son harina, leche y azúcar. Los números disponibles son 2920614370 (Marcela), 2920483969 (Gladys) y 2920203243 (Gabriela). 

Por Fernando Manrique
fmanrique@noticiasnet.net

Fotos: Miguel Basterra.

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