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Crisis de representatividad

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Foto(Créditos Web)

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Nota de Opinión/Por Juan José Tealdi* (04/08/2017)

"El debate abierto por la instalación de la Central Nuclear pone al desnudo la crisis de representatividad que padece nuestra democracia y supera los actores circunstanciales"

Como ejemplo analicemos tres posiciones basadas en la misma lógica del poder que la sociedad debe superar lo antes posible.

El Intendente Iribarne de Sierra Grande que, con total irresponsabilidad respalda a ciegas y pide la central nuclear en su ciudad.

El Gobernador Weretilneck que, visiblemente enfadado trata de desacreditar a los/as asambleístas no nucleares.

El Intendente Foulkes de Viedma, desde su estilo de indefinición definida, al igual que Cobos con su famoso voto no positivo -o sea negativo-, dice una cosa tratando que parezca lo contrario. “Yo no tengo una postura no contraria”. Parece que se enredó un poco el hombre porque si sacamos los dos “no” que se anulan entre sí nos queda: “yo tengo una postura contraria”. Todos sabemos que está de acuerdo con la central nuclear patagónica que comprometió la ex presidenta Kirchner y pretende construir el actual presidente Macri, pero viendo que en la ciudad que gobierna hay mucha gente en contra trata de mantener un equilibrio imposible de sostener y por ello agrega: “sigo teniendo las mismas dudas y las mismas inquietudes”.

El primero sabe que en su ciudad las necesidades crecen y la promesa china de la minería desaparece. Lo que funcionó y lo que queda funcionando es solo para negocio de la minera china. Siempre pagaron salarios de hambre y en condiciones sumamente precarias de trabajo, además hoy apenas superan el medio centenar las personas contratadas como monotributistas. Esta es una muestra del verdadero objetivo de estas inversiones, sean chinas o de donde sean, y de su fracaso como fuente de prosperidad. Por ello es irresponsable repetir la fracasada experiencia.

El segundo ve peligrar el enorme poder político que lo llevó hace dos años a la gobernación y no puede disimular su cercanía al gobierno anti popular del presidente Macri que, flaco favor le hace apurando este tema en un momento electoral tan delicado. Por ello su enojo y en lugar de volcarlo para arriba lo canaliza para abajo, a la ciudadanía que no comparte estas “inversiones mentirosas”.

El tercero es un gran equilibrista que según convenga se muestra progresista o conservador. La verdad que hasta ahora le ha ido bien nadando en la indefinición y, por ello, piensa que es un método para eternizarse en el poder. Parece que no ha comprendido que su dualidad ya no engaña a nadie y peor aún parece haber tomado distancia de los deseos de sus conciudadanos/as que, además de necesitar la satisfacción de sus necesidades más importantes, también tienen derecho a proyectar la ciudad a futuro y, en esa proyección a nadie se le ocurre ser la Springfield de Homero Simpson.

¿CUÁL ES LA LÓGICA QUE UNE A ESTAS TRES POSICIONES?

La lógica pragmática del poder: Con tal de sostener el poder se acepta todo lo que viene de arriba con promesas de“inversión y trabajo” sin analizar si se trata de algo genuino, sin hacer un estudio propio sobre si es sustentable social, económica y ambientalmente. Genera la ilusión de progreso y eso trae votos, pues adelante. Es bueno porque lo dice el presidente, porque lo dicen los chinos y porque… no hay ningún por qué más.

Cuál es el problema que los desespera y los saca de casillas: la participación ciudadana. Para ellos la democracia se limita a que la población delegue periódicamente en ellos la responsabilidad de gobernar y el resto del tiempo debe obedecer. Parece que no escuchan el creciente repudio ciudadano a “los políticos” e insisten en negar formas de democracia directa como el plebiscito y cuando esto ocurre tenemos derecho a pensar que hay cosas oscuras detrás de decisiones como esta.

Si no evolucionamos, si no pasamos de una democracia pasiva y delegativa a una activa y participativa seguiremos teniendo estos problemas. Estos gobernantes, que seguramente tienen sus méritos, padecen un grave problema: pertenecen a un sistema político que está en profunda crisis y de las crisis se sale haciendo renovaciones profundas. No alcanza con cambiar actores circunstanciales, se trata de cambiar formas y reglas de juego que acerquen nuevamente la ciudadanía a la política y ésta a la ciudadanía. Todo indica que políticos como estos ya no tendrán lugar en esas nuevas formas y la ciudadanía los reemplazará por quienes las asuman y respeten: se impone una democracia participativa con una ida y vuelta constante entre ciudadanía y gobierno.

Esa nueva forma de gobernar resolverá la actual crisis y será la base de una sociedad que poco a poco se construya a sí misma más igualitaria y más propietaria de su propio destino. La actual lógica de poder concentrado debe dejar lugar a la lógica de la participación ciudadana que genera poder social y controla y guía a quienes elige para gobernar.

*Coordinador nacional de la Corriente

Igualdad y Participación del Partido Socialista

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